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miércoles, 12 de mayo de 2010

EN RECUERDO DE OZORES, ANTONIO OZORES


Que no fuera santo de nuestra devoción no nos impide reflejar que con la muerte del veterano actor y director Antonio Ozores ha desaparecido una parte de la historia cinematográfica de nuestro país. Con él hemos crecido muchos de nuestra generación y aunque su cine sólo servía para lo que servía, también debemos decir en su disculpa que, al contrario de otros actores de su generación como pueden ser Alfredo Landa y José Sacristán, entre otros muchos, que consiguieron reconvertir sus carreras a un tipo de nuevo cine español más serio y profundo (los años de la transición), Antonio Ozores se mantuvo primero obligado por unas circunstancias y luego exiliado por otras, a permanecer en el género del retruécano o de la españolada. Muchos lo recordamos también por su aparición en el ya casi olvidado programa concurso "Un, dos, tres, responda usted otra vez" y su célebre coletilla ¡No, hija, no! (gran maestro de coletillas el señor Chicho Ibáñez Serrador, personaje que entendió como nadie una época social y un modo de ver la televisión).
Antonio Ozores, uno más de la familia de cómicos y actores a la que perteneció y que le sobrevive, por ejemplo, en la figura de su hija Emma y de su sobrina Adriana, creó un personaje llamado Antonio Ozores y que le acompañó y ayudó a sobrevivir en el escenario durante cerca de sesenta años y una larga filmografía.
Descansa en paz, Antonio, porque te lo has ganado.


1 comentario:

  1. Albermans: La saga de los Ozores representó a la perfección la España de la caspa y la "del pelo de la dehesa". Era lo que habia. Y este país valleinclanesco se descojonaba con ellos.La foto del trio de "ases del humor" no la supera ni la de los magistrados en la Mestranza de Sevilla que han de fallar -o se han de follar- que para el caso es lo mismo las migajas que deben quedar de l'Estatut de Catalunya. Pero bueno, mejor recordar a este Antonio Ozores que se inventó aquella forma peculiar de hablar como si tuviera un hueso de melocotón en la boca, sus caras ante unas tetas descomunales, sus disimulos por si a la hora de la verdad, no sabia cumplir con sus fantasias sexuales. Fué un cine y un tiempo que reflejaba los últimos estertores de una cultura que hoy ya sólo es memoria. Fíjate que, sin embargo, José Sacristán llegó a manifestar que estaria dispuesto a liarse a hostias con el que discutiera ese cine. Sabes por qué. Te repito lo del principio. Era lo que habia. La gente se habia cansado de "Locura de Amor" de "Agustina de Aragón" de "A mi la legión" y ver el muslamen de la Sarita Montiel o de la Katya Loritz y del españolito reprimido perdiendo el sentido les volvia locos.Por eso debemos guardar un respeto para estos cómicos que se ganaban los garbanzos, como decia tu abuelo, con este cine deleznable. M e estoy alargando demasiado, pero déjame explicarte una anécdota. Fué tal la saturación de muslamen que autorizó el dinosaurio de Frga que apareciera en pantalla que en mi particular "Cinema Paradiso" de un pueblo del Baix Camp, alguien le espetó al responsable del cine: Pep: menys mamella i més pel·licules de vaquerets". Un abrazo del que en "los discos dedicados" de los tiempos de Agustina de Aragón terminaban diciendo de "quien tu sabes".

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