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lunes, 31 de mayo de 2010

DENNIS HOPPER. HOMENAJE CONTRACULTURAL.

El que, después de mucho tiempo sin saber nada de él (por lo menos en los medios de comunicación habituales), pudiéramos ver a un demacradísimo Dennis Hopper en silla de ruedas asistiendo a su propio homenaje donde recibió su estrella en el Paseo de la Fama de Hollwood, fue, más que certificar su última aparición en público antes de su fallecimiento, una especie de último acto de rebeldía de un actor que para bien o para mal de su carrera (tanto vital como cinematográfica) hizo de la rebelión (en mayor o menor medida) su razón de ser.
Habría que profundizar mucho en la biografía de este actor para saber exactamente cómo cuándo y dónde nació este carácter rebelde pero puestos a fantasear, tal vez Hopper quedó conmocionado tras la muerte en accidente de coche del chico rebelde por excelencia, James Dean, convertido en mito inmediatamente después y al que Hopper conoció en (justamente, ya es casualidad) "Rebelde sin causa" (repetirían en "Gigante") que si para James Dean significó ese ascenso a la condición de "mito", para Dennis Hopper significó (sólo) su debut en la pantalla grande.

Puede que esa ascensión mítica de su "partenaire" alentara la posterior y excesiva vida de Dennis Hopper. Y puede que hiciera suya, como también hicieron muchos, esa frase icónica "Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver" que se atribuía a James Dean (realmente la frase pertenece al protagonista de la película "Llamad a cualquier puerta" del director Nicholas Ray) y que se puede entender como uno de los slogans de la posterior corriente contracultural del hippismo, en cuya explosión, unos diez años después, tuvo mucho que ver, por lo menos en cuanto al cine se refiere, la persona de Hopper.

Porque su película "Easy Ryder", filmada en 1969, se convertiría, gracias a su éxito en taquilla, en el estandarte de lo que muy pronto se iba a conocer como el nuevo Hollywood que significó un cambio radical en el sistema de funcionamiento de los grandes estudios de Hollywood así como la consiguiente aparición de directores de la talla de Peter Bogdanovich, Francis Ford Coppola, Hal Ashby, Martin Scorsese, William Friedkin o Robert Altman (entre otros) que controlaban sus propias películas por encima de las grandes majors, un sueño que se terminó  con el colosal fiasco que significó "La puerta del cielo" de Michael Cimino y que hundió en la bancarrota a la United Artist (un año después sería el propio Coppola el que se sumía en la más absolutas de las miserias con el fracaso de "Corazonada") y desde entonces nada ha sido lo mismo.

El éxito de "Easy Rider", película de dos moteros atravesando los Estados Unidos en el que conocerán muchos de los rostros más desconocidos de la sociedad estadounidense, que se estrenó en el momento justo y en el lugar adecuado de la historia de los USA, dio alas al carácter rebelde de Hopper que se quiso convertir en gurú del nuevo Hollywood y  terminó convirtiendose en un verdadero problema para todos. Eso y sus excesos con las drogas y el alcohol terminó por llevarle a una espiral autodestructiva que ni siquiera pudo superar con el fin de la época hippie estadounidense. Su personalidad, o mejor dicho, el personaje que se había creado para sí mismo lo condujo con gran celeridad de la celebridad la ostracismo.


Algo a lo que no ayudó la génesis y la pobre repercusión que tuvo su segunda película, "The last movie", un film que quiso rodar en tierras sudamericanas, concretamente en Perú donde la cocaína corría entonces como el agua; que montó, remontó y volvió a remontar mientras la Universal, la única major que le había dado cancha al endiosado director para rodar su película, comenzaba a desesperarse; que ganó el Premio de la Crítica en el festival de Venecia y que finalmente se estrenó en Nueva York permaneciendo sólo dos semanas en cartel después de que la crítica la destrozara. El éxito de Dennis Hopper desapareció tan o más rápidamente que como le había llegado.
Desde entonces Hopper se especializó en papeles secundarios que le convirtieron en uno de los mejores actores de carácter de la historia del cine. Es así que se le pudo disfrutar en "El amigo americano" del director Win Wenders y en dos de las mejores películas de Francis Ford Coppola: "Apocalypse Now" en la que bordaba su papel de fotógrafo colgado y posteriormente en la imprescindible "La ley de la calle", como padre de Rusty James y el chico de la motocicleta, un personaje que lo había perdido todo por sus problemas con el alcoholismo y que en cierta manera es un reflejo de lo que era su propia vida.

Y es que Dennis Hopper estuvo casado cinco veces y tuvo cuatro hijos. Muy curioso es el caso de su matrimonio con Michelle Philipps en 1970, unión que duró una semana cuando la tal Michelle huyó del "hogar conyugal" harta de las amenazas de un continuamente drogado marido que se dedicaba a disparar su escopeta dentro de casa; y muy triste el espectáculo con su última mujer, Victoria Duffy, con la que se casó en el año 1996 y de la que se ha querido divorciar antes de su muerte por los clásicos problemas de herencia.

Asumido su nuevo papel, más discreto que en los años 70, en el mundo de Hollywood, Hopper comienza a entender la nueva industria y consigue en 1980 un buen éxito de crítica (que no de público) con "Sin nada que perder" su nueva película como director y hoy convertida en film de culto en la que se reservaba el papel del padre de la punk protagonista y del que el mismo Hooper dijo que ese padre es en lo que se habría convertido su personaje de "Easy Ryder" diez años después.

Curiosamente su último afianzamiento en el voluble Hollywood le llegó gracias a David Lynch, otro de esos inadaptados que perduran fuera de cualquier corriente, que le ofreció uno de los más suculentos papeles de "Terciopelo azul", el sádico Frank Booth con el que Hopper borda el papel de su vida (impagable en sus primeros planos con su máscara de oxígeno frente a una torturada Isabella Rossellini).

Este y no otro fue el último punto álgido de su carrera. Es cierto que ha participado en roles secundarios en varias películas  como "Speed", "Waterworld" (por cierto otro descalabro comercial de proporciones épicas que seguramente le haría recordar tanto los fiascos anteriores de Coppola y Cimino como que el negocio del cine seguía siendo tan cruel como en los años 70 y 80), o más recientemente en "La tierra de los muertos vivientes" (enésima revisión del mundo zombi por parte de George A. Romero en la que más que un personaje, Hopper interpreta una caricatura) y "Elegy", de Isabel Coixet; tampoco le ha hecho ascos a las series de televisión como  en "24" donde interpretó en la primera temporada al villano Víctor Drazen. Tampoco ha abandonado su faceta de director y suyas son películas como "Colors", "Camino de retorno" y "Labios ardientes", una pequeña muestra de cine negro. Sin embargo, Hopper siempre será recordado por una época mítica a la que, muy a duras penas, consiguió sobrevivir. Al fin y al cabo, de una manera u otra, el siempre quiso tener alrededor su aureola de rebelde (con o sin causa).


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