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martes, 10 de julio de 2012

ADIOS A ERNEST BORGNINE

Sólo dos imágenes para describir la grandeza actoral del fallecido, a la edad de 95 años, Ernest Borgnine: por un lado su papel brutal en la brutal e inconmensurable "El emperador del norte" junto a un brutal Lee Marvin, un actor, por cierto, de características similares a Borgnine y con el que coincidió en más películas; por otro lado su papel protagonista en el último relato de la película "11-11-11", dirigido por Sean Penn en una actuación delicada, llena de matices, que refleja el vacío y el dolor de las ausencias como poca gente es capaz de trasladar en una pantalla.


Su físico hosco le dio para ser un actor de carácter, de papeles secundarios, pero en los que se fue dejando la piel. Amaba tanto su trabajo que un año antes de su muerte fue capaz de reírse de muchos de sus personajes en la respetable "Red", equipo de actores guasones a las órdenes de un guión guasón y al que Borgnine volvió a poner toda su fe. Una fe que le valió para conseguir un oscar allá por el lejano año 1955, por el drama "Marty" en un papel que rompía con su imagen de brutote que iba dando en pantalla.




Su época dorada fue precisamente en las décadas de los años 50 y 60. Se descubrió en "De aquí a la eternidad" y siguió poniendo su rostro a películas como "Johnny Guitar, "Veracruz", "Conspiración de silencio" y otros éxitos más conocidos como "Doce del patíbulo", "Los vikingos" o la otoñal "Grupo salvaje". Que otros actores fueran dominando la pantalla no significó que dejáramos de verle como en "La aventura del Poseidón" o la ya citada "El emperador del norte", una especie de canto de cisne a un tipo de hacer cine que ya no podemos ver ni siquiera en la pequeña pantalla.


Puede que muchos de vosotros ni siquiera sepa quien era (es y debería seguir siendo) este gran actor, duro en pantalla como pocos pero dicharachero y divertido a la hora de afrontar la vida como demostró en miles de entrevistas y reportajes, les aconsejamos a ver cualquiera de las películas citadas. Seguramente no os quedareis con una sola y finalmente, más de uno de vosotros terminará por disfrutarlas todas. Es ese el momento en el que se descubre que Borgnine fue una de los grandes actores de la historia del cine.


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lunes, 18 de junio de 2012

WATERWORLD Y OTRAS OLAS DE KEVIN COSTNER


Hay actores (y actrices y directores) que saben metamorfearse y adaptarse a los tiempos cambiantes y a los gustos de los sucesivos públicos para mantenerse, más o menos, en la cresta de la ola. Puede que sea atacado a través de su vida privada o puede que una película protagonizada por ellos sea un fiasco en taquilla. Pero resisten. Valga el ejemplo de Tom Cruise.
Luego hay otros que consiguen llegar a lo más alto, que terminan por ser reconocidos tanto por público como por la crítica, que tienen una etapa gloriosa y, de repente, una pieza del complicado mecanismo del éxito en esto del cine se rompe y no hay manera de arreglarlo. Y todos los guiones que un día sí y otro también llegaban a su despacho desaparecen y termina por sumirse en el olvido o, con un poco de suerte, en una especie de semi-olvido. Es el caso de Kevin Costner.


La pieza rota de Kevin Costner se llamó "Waterworld", una película que costó por aquel entonces (corría el año 1.995) la friolera de 175 millones de dólares y que no llegó a los 100 de recaudación en los Estados Unidos. Vista hoy en día no es una película tan mala como nos quisieron hacer ver pero realmente conseguir que esa película obtuviera beneficios era más que difícil. ¿Jugó Costner a ser Dios? ¿O le hicieron creer que era el "penúltimo" salvador del séptimo arte entendido como el mesías que iba a salvar Hollywood?



Puede decirse que Costner tuvo una carrera meteórica, de aquellas que muchos aspirantes a actor sueñan cada noche. "Silverado" fue una de muchas películas que a lo largo de los años ochenta intentaron insuflar un nuevo aire al casi fenecido género del western. Algo tendría que ver esa película para que Costner fuera elegido para papeles protagonistas. Dos años después se encargaba de llevar a buen puerto "No hay salida" una historia de espionaje, cuernos y suspense con varios giros de guión (bien llevados) que mantienen al espectador en su asiento hasta el último momento. Pero su mejor papel, aquel que le daría "fortuna y gloria" fue el de Elliot Ness en esa fabulosa versión que rodó Brian de Palma y que le consagraba como uno de los actores "hot" del momento. Esa mezcla de heroicidad y humanidad que reflejaba Costner en su personaje hizo que su rostro quedara fijado para siempre con el histórico agente del tesoro que encarceló a Al Capone. (Vale, también tuvo mucho que ver Sean Connery, Robert de Niro y ese virtuoso de los tempos cinematográficos que es Brian de Palma, amén de la banda sonora de un tal Ennio Morricone).


A partir de ahí su estrella sube como la espuma. Se dedica al beisbol (cinematográficamente hablando) y se nos destapa con  "Los búfalos de Durham" y "Campo de sueños", tal vez las únicas dos películas que sobre este deporte tan americano que pueden disfrutarse (sobre todo la carga nostálgica de la segunda) más allá de la tierra de las barras y estrellas. Y decide dirigir. Y lo hace con un western, tal vez recordando o queriendo homenajear sus inicios con "Silverado". "Bailando con lobos" es una película del oeste tan típica como atípica. Típica porque el esquematismo de sus personajes pesa mucho sobre ella. Atípica porque se atreve a dar una versión diferente de la colonización del lejano oeste por parte de vaqueros y soldados, lejos de las heroicidades a las que nos tenían acostumbrados los westerns en blanco y negro de los años 40 y 50, y más propia de los tiempos que nos ha tocado vivir. Aunque personalmente (y revisionada varias veces) nos parece una película sobrevalorada aunque eso no le quita mérito a un debut mucho más que prometedor y que se alzó con siete oscars.


La gloria seguía esta vez a nivel taquillazo. "El guardaespaldas" junto a la desaparecida Whitney Houston lleva recaudados más de 440 millones de dólares. La película era bastante sencillota (y no nos explayaremos más en buscarle las cosquillas a la película) y lo único que aportó a Costner fue una cantidad de dólares que ya quisiera más de uno para sí.


 ¿Y entonces?
Tres son los factores que hacen que la carrera de Kevin Costner caiga en picado. Por un lado la idea de llevar a pantalla un proyecto tan complicado de producir como "Waterworld". Una película futurista ambientada en un mundo totalmente acuático y que es un divertimento bien tramado, realmente disfrutable y espectacular, como no. Lo que pasó fue que su producción y posterior rodaje estuvo lleno de inconvenientes tanto a nivel logístico como de guión y, porqué no decirlo, hasta de egos. Porque parece ser que fue Costner quien tomó la decisión final para que su amigo Kevin Reynolds (con el que ya trabajó en la infame versión de Robin Hood que mejor olvidar) llevara la batuta del proyecto por encima de la idea de la Universal que prefería a Robert Zemeckis para que luego ambos amigos acabaran más que enfrentados.
 Pero lo peor de todo es que la prensa se ensañó con la película antes de su rodaje. Sus retrasos continuos y  su cada vez más elevado coste de producción consiguieron que cierta prensa estadounidense hiciera su agosto (o más de uno ya que el proyecto empezó a fraguarse en la mente de Costner allá por el año 1991, cuatro antes de su estreno) hurgando en las heridas. El coste subió desde los 60 millones de dólares iniciales hasta los 175 finales. Al llegar su estreno, la película estaba herida de muerte: Recaudó algo más de 20 millones de dólares en su primer fin de semana, un total de 88 millones en su carrera en los Estados Unidos y finalmente ha conseguido llegar hasta los 225 millones de dólares.


El segundo factor es el supuesto ego creciente de Costner. Parecía que aquello que dijo James Cagney: "Lo conseguí Mamá, estoy en la cima del mundo" iba mucho con él. O tal vez esa idea fuera engrandecida por esa misma prensa que destrozó "Waterworld" y que terminó por cebarse con Costner hasta el punto de dejarlo casi en fuera de juego.
Y por si eso fuera poco, Costner se encontró ante un proceso de divorcio de su primera mujer (llevaba casa con ella desde el año 1978) que culminó en el año 1.994. El actor tuvo que pagar la nada desdeñable cifra de 80 millones de dólares. Ni que decir tiene que en pleno proceso de "Waterworld" y con su ego por las nubes, esa misma prensa que se estaba cebando con él puso toda la maquinaria a toda revolución con la idea de sacar tajada.


A partir de ese momento su estrella se apaga, no del todo, hay que decirlo, pero Costner es un semi olvidado más, alguien al que no se le perdonó el éxito conseguido y que ese éxito, en cierta manera, se le subiera a la cabeza. Fueron, seguramente, tiempos difíciles tanto a nivel personal como profesional. No dejaría de trabajar en el cine (incluso lo volvió a intentar a lo grande con "Mensajero del futuro") pero su nuevo papel se fue acercando cada vez más a los personajes secundarios y a películas de no tan alto presupuesto. ("Trece días", "Dragonfly", "Dicen por ahí", "The guardian", "Mr. Brooks" o como Costner es un gran actor en su madurez, "La otra hija" o "El último voto") Incluso vuelve al western con "Open range" al que la crítica valora agradablemente aunque el tirón en taquilla de su nuevo western deja mucho que desear.


Su suerte aún está por volver: aunque está enfrascado en el rodaje de la nueva revisitación en pantalla de Supermán en "Man of Steel" donde se encarga de dar nuevo rostro a Kal-El, padre kriptoniano del hombre de acero, ese mismo papel hizo que tuviera que rechazar la oferta del mismísimo Quentin Tarantino para participar en "Django desencadenado", nada más y nada menos que el homenaje del "bad boy" al western un género al que Kevin Costner le debe tanto y que, la verdad sea dicha, no hubiera estado nada mal que hubiera significado su relanzamiento. Porque Tarantino de eso sabe mucho.


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lunes, 11 de junio de 2012

PESADILLAS DE CINE: ALGUNOS APUNTES SOBRE PSYCHO KILLERS


En un artículo anterior nos acercábamos a la figura de Hannibal “El caníbal” y este personaje nos da la excusa perfecta para acercarnos a la figura del asesino en serie. Tal vez deberíamos empezar preguntándonos porqué sentimos esa atracción malsana  hacia estos siniestros personajes o qué mecanismos ocultos en nuestra mente se disparan para que nos interesen, de tal forma, sus correrías sanguinarias. Un claro ejemplo de esto es la película “Asesinos natos” de Oliver Stone, donde dos asesinos en serie se convierten en héroes por arte y magia de los medios de comunicación que de forma sensacionalista ven en esta loca pareja un modo de subir sus audiencias.


Pero esto es un programa de cine no psicología. Y aunque pueda parecer que no, el cine entiende mucho de psicología y, desde hace mucho tiempo, conoce de la fascinación que tiene la sociedad por la figura del “serial killer”. En el año 1931, el genial Fritz Lang, el de “Metrópolis”, dirigía “M, el vampiro de Dusseldorf”
 “M” es una película que estudia el comportamiento de la mente enferma de un don nadie que se convierte en asesino de niños porque no puede reprimir esos instintos. Un asesino que comunica a la prensa sus crímenes y la intención de continuar matando.




El icono más representativo de los asesinos en serie no es otro que Jack, el Destripador. El amigo Jack actuó en Whitechapel, en Londres, en el año 1888 y sus víctimas eran todas prostitutas que después fueron mutiladas. Este personaje real, jamás fue descubierto. Muchas son las películas que se han acercado a este asesino. Y algunas curiosas como “Asesinato por decreto” donde los asesinatos de Jack, el destripador son investigados por el mismísimo Sherlock Holmes o “Los pasajeros del tiempo” donde Jack es un amigo de H.G. Welles. Jack utilizará la máquina del tiempo inventada por H.G. Wells para escapar al ser descubierto. Llegará al futuro, al año 1980, donde descubrirá un mundo nuevo donde seguir actuando. Pero H.G. Wells le persigue intentando evitarlo.


La última versión sobre Jack, el Destripador, es más reciente y se basa en la genial novela gráfica de Alan Moore y Eddie Campbell. En este caso la investigación deriva hacia un personaje que podría estar muy relacionado con la familia real británica. El título tanto de la novela como de la película, que, por cierto, protagonizaba, Johhny Deep, es “Desde el infierno”. Así era como comenzaba la única carta que se atribuye realmente a Jack, el Destripador, de las muchas que envió.


Son muchos los serial killers reales que han prestado sus historias al cine. Pero los guionistas también han creado para la pantalla que por ser ficticios no dejan de ser terroríficos. Y si Jack, el Destripador es el icono de los asesinos en serie reales, Norman Beates, es el icono de los de ficción. Tanto que hasta podría ser real. Y es que, no en vano, su verdadero creador fue Alfred Hitckock que nos obsequió con otra de sus grandes obras. “Psicosis”.


Con esta película se creo un nuevo subgénero cinematográfico, el psicho-thriller donde a partir de ese momento se incluirán todas las películas que tengan como personaje principal o secundario a uno de estos asesinos en serie. “Psicosis” tuvo sus secuelas, y no nos referimos a sus continuaciones que mejor olvidar, sino a que con ella se instauró el género como tal. Y aunque el psicho-thriller fue víctima de las películas de serie B o serie Z, también se pudo disfrutar de grandes trabajos como “El estrangulador de Boston” protagonizado por Toni Curtis, y finalmente una película que sirvió para dar otro estilo a ese tipo de películas. “Henry, retrato de un asesino”. Esta película fue filmada de forma fría, casi documental, de forma que sentíamos más cerca el horrible caso de Henry, un verdadero psicópata que sencillamente mata como nosotros respiramos. El asesinato es otra cosa más, sin importancia, que hacemos durante la vida. Como dice el título es un retrato, un estudio no sólo de la personalidad del protagonista. También lo es sobre la fascinación que esa personalidad ejerce en otros. Esta fascinación se refleja en su compañero de piso que idolatra a Henry y que quiere ser como él. Dura y desagradable como un puñetazo al estómago, con escenas muy crudas como en la que Henry y su amigo entran en una casa y golpean a una familia mientras la graban en cámara de video.


También el serial–killer ha servido para realizar estudios sobre la violencia. Es el caso de “Funny Games” del director austríaco Michael Haneke. En esta película, donde dos jóvenes se dedican a torturar a una familia, los psicópatas lo son porque sí, no hay ninguna justificación ni capacidad por el análisis. Ellos siguen su propia lógica, y matan para divertirse. Para ellos no es más que un juego, un juego divertido en el que se hace participar al espectador por parte del director que busca provocar las reacciones producidas por lo que se ve y se intuye en su película.


Y este tipo de personajes también ha servido como telón de fondo par realizar una crítica a la sociedad yuppista de los años 90. “American Psycho” enseñaba a un tipo al que le gustaban los cosméticos, el gimnasio, el sexo con rubias, la cocaína, las pelis gore y porno y también asesino de gente pobre y de bajo estrato social.


En nuestro país también tenemos una película donde se nos retrata a un personaje que suma las características de “M, el vampiro de Dusseldorf” y de “Henry, retrato de un asesino”. Pero a diferencia de éstas, lo impactante está en su naturalidad, en ese día a día continuo y aburrido que de pronto se rompe ante la escena del primer y sorprendente asesinato. Y decimos sorprendente porque hasta ese momento no te imaginas que la película vaya a lanzarse por el camino de los psycho-thrillers. Se titula “Las horas del día”


Y queremos terminar con el director David Fincher, que comenzó a ser el director que hoy es gracias a “Seven” y su serial killer que mata de acuerdo a los siete pecados capitales. Un monstruo de una inteligencia comparable a la de Hannibal Lecter, al que nombramos pero del que ya nos ocupamos. La hiperrealidad de otras películas daba paso a la estética sucia y moderna que implantaría “Seven” a partir de ese momento. 


Algo, curiosamente, con lo que rompería años después con su nueva revisión al género: Fincher se embarcaría en “Zodiac”, basándose en el caso real del asesino del zodíaco que tuvo contra las cuerdas o prensa y policía y que, al igual que Jack, el destripador, jamás fue encontrado. Por cierto que el tal Zodíaco dio pie al nacimiento de una leyenda cinematográfica urbana: Harry Callahan ya que Harry, el sucio, se enfrentó a él en la película fundacional aunque fue rebautizado con el nombre de “Scorpio”. De todas formas el “Zodiac” de Fincher va mucho más allá y se atreve con todo un retrato más que generacional de la sociedad estadounidense de aquel tiempo.


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martes, 5 de junio de 2012

NÚMEROS Y CINE


No nos hace falta recordar una película hoy olvidada y protagonizada por Nicholas Cage, “El número 23” para saber que hay todo un mundo alrededor de la simbología de los números. Y si los números tienen su simbología por ellos mismos, nosotros nos atrevemos, de forma divertida, eso sí, a buscar la simbología de los números en los títulos de películas. Porque hay números que han pasado a la historia del cine y que con sólo nombrarlos nos acerca incluso a todo un género cinematográfico. Pongamos por caso el número 2001 al que ya le sobra eso de “una odisea en el espacio”. Purita ciencia-ficción.Después de esta película, está claro que el 23 va a quedar asociado a la obsesión. Pero hay muchos más casos en el cine. 


Uno más cercano a nuestro tiempo: el 300.Y es que un número como éste va a quedar asociado por mucho tiempo a la épica y al valor. Y si hay un número para el valor también el cine tiene un número para el deshonor. Lo de los números no es una moda de ahora y ya hace muchos años que los guionistas se sentían atraídos por la numerología. Deshonor y año 1939. Un oficial del ejército británico abandona su unidad antes de embarcarse en misión a Egipto. Sus tres compañeros y su prometida le envían cuatro plumas blancas como señal de cobardía. Un clásico: “Las cuatro plumas”





De la fascinación por el mensaje oculto de los números no se ha escapado casi nadie, ni siquiera los grandes maestros del cine. ¿Qué musa hipnotizó a Fellini para que su obra maestra llevara por título “Ocho y medio”? Un número que queda como sinónimo de la creación, de la divinidad. Y seguro que para muchos decir rebeldía es decir “Rebelde sin causa” Totalmente falso. Ya hay un número que en el cine significa rebeldía. Y es que no solo Fellini cayó en las redes de los números para hacer su obra maestra. En este caso rebeldía significa “400”. El director, François Truffautt. La película, la obra maestra en este caso, “Los cuatrocientos golpes”.



Ni siquiera los géneros cinematográficos escapan a los tentáculos numéricos. Está claro que el terror tiene asociado su propio número, el 13. “13 fantasmas” o “Viernes 13” por nombrar alguna que se me viene a la cabeza. ¿Y el Oeste? ¿Cuál es el número asociado a este género? El séptimo de caballería. ¿Me seguís? Es el 7. Otro ejemplo: “Los siete magníficos”



También hay números con una sexualidad muy implícita. Es el caso del 9. Ejemplo: “Nine Songs” de Winterbottom. ¿No os lo creéis? O 9 y medio, ¿no? Cerrar los ojos y decir conmigo “9 semanas y media” ¿Qué flash ha llegado a vuestras mentes calenturientas, pillines?



Y finalmente hay números que son inabarcables, que dicen y sugieren tantas emociones y sentidos que se nos escapan entre brumas nada más decirlo. Son números que en un futuro estarán escritos en oro dentro de la historia del cine del siglo XXI. Digo “2046” la obra maestra del maestro de la sugerencia, Wong Kar-Wai, y se nos engancha en las brumas de nuestra memoria de por vida.



Ahora bien, el número que todos, absolutamente todos, reconocemos como el espejo del cine y que lleva apareciendo y desapareciendo desde hace 40 años, el número que nos acerca a la eternidad no es otro que… 007



Y termino aunque podríamos seguir eternamente. ¿Verdad que habéis oído que el número de la suerte es el 7? Pues acercaros al cine. Al fin y al cabo es el séptimo arte.

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martes, 29 de mayo de 2012

EL ALIENTO ÉPICO DE "300"



Desde que el cine es cine, los espectadores siempre hemos buscado emociones o sensaciones en la película  elegida. Reímos con una comedia, lloramos con un drama, temblamos con una película de terror o nos concienciamos con un documental. Pero nada de eso es comparable al aliento épico que poseen muchas películas. Desde “El nacimiento de una nación” de Griffith hasta nuestros días podríamos estar días nombrando títulos y títulos como “Braveheart”, “Excalibur” o “Moby Dick” y todos los peplum o películas de romanos como  “Espartaco”.  Aliento épico y heroísmo. Todo esto se respira en “300”
Las artes secuenciales, ya sea cine o cómic, se han servido de muchas fuentes para sus películas o sus viñetas y, sin ninguna duda, la más utilizada es la historia de la humanidad. A veces conocemos más de nuestra historia por la visión de una película o por la lectura de una obra literaria que por una enciclopedia. 



En el año 480 antes de Cristo, el rey persa Jerjes se propuso invadir Grecia movido por la venganza. Años antes su padre, Darío I, fue vencido en las primeras guerras médicas así que planeó su propia conquista con mucho cuidado llegando a formar un ejército con una gran flota naval (1.207 barcos según los libros de Herodoto) y un número de soldados que algunas fuentes dicen que fue de un millón. 
Atenas pidió ayuda a Esparta y su rey Leónidas acudió a la llamada de sus vecinos atenienses. La batalla más importante contra los persas sería la batalla de las Termópilas, un estrecho paso donde los persas no podían lanzar todo su ejército. Durante cinco días, 300 espartanos aguantaron las embestidas del ejército invasor al que causaron infinidad de bajas y minando la moral de las tropas persas. Cinco días, tiempo suficiente para retrasar el avance persa y permitir a la flota replegarse hasta Salamina, donde Grecia consiguió la victoria final contra la flota de Jerjes. 



Esparta fue una ciudad-estado de la antigua Grecia situada en el Peloponeso que terminó por consagrarse a la guerra y al honor y hacia estos dos aspectos estaba enfocado su sistema educativo. Los niños eran apartados de su familia y hasta los veinte años recibían una educación de gran dureza para crear soldados eficaces que lucharan por el bien de la ciudad. Al nacer el niño era examinado. Si no estaba bien formado se le conducía al Apótetas o lugar de abandono y se les arrojaba a un barranco al pie del monte Taigeto. Su fuerte sistema político-militar convirtió a Esparta en un poder temible que participó en las guerras médicas y en la guerra del Peloponeso. Sin embargo, su leyenda surgió en la batalla de las Termópilas. Todo esto se respira en “300”

Frank Miller es un guionista de comics poseedor de una carrera profesional muy personal y llena de éxitos. Es un gran admirador de la filosofía guerrera oriental como vimos en Ronin y ahora es más conocido gracias a la traslación al cine de su serie negra sobre la ciudad del pecado, “Sin City”. Ha sido renovador de muchos personajes como Daredevil (para la Marvel) al que aportó dos obras maestras como “Born again” y la saga de Electra, y Batman  al que oscureció en “Batman, Dark Knight” y “Batman, año uno” historia esta que sirvió para la celebrada “Batman Begins” de Christopher Nolan.  


La originalidad del trabajo de Miller viene dada por la concepción dramática de todos sus héroes. Suelen ser personajes solitarios, abocados a situaciones personales dramáticas que parecen superarles y que participan de una sociedad con la que no están totalmente de acuerdo o sencillamente al margen de ella. Pero también son personajes valientes, íntegros en la defensa de sus convicciones y sin miedo a la acción ante la situación a la que se enfrentan. Y finalmente y en esencia son seres trágicos. Son las características del héroe de Miller, desde Batman hasta el Marv de Sin City, pasando por Ronin. Pero Miller va mucho más allá. Ha conseguido para sus personajes un aura especial, un héroe que por encima de su dolor está el honor convirtiéndolos así en seres mitológicos. El mundo de la mitología es la razón de ser del trabajo de Miller. Las páginas de sus cómics son mitología pura. Y todo eso,  se respira en “300”


“300”, la película, comienza con la imagen de un recién nacido que es asomado a un barranco en espera del respeto de los dioses. Una vez aceptado en la sociedad espartana, el bebé irá creciendo en un entorno familiar donde la violencia y el entrenamiento es la causa de su vida, violencia y entrenamiento militar que seguirá en una academia ya separado de su familia. Al llegar a la adolescencia es abandonado fuera de la ciudad donde deberá luchar por su supervivencia. Sin abrigo, sin comida y sin armas terminará enfrentándose a un gran lobo. Pero el niño no tiene miedo. Las técnicas y las tácticas aprendidas durante todos estos años le servirán para triunfar sobre la bestia y volver a la capital de Esparta.


Años después, ese niño es Leónidas, rey de Esparta. El y su mujer, Gorgos, conocerán los planes del rey Persa Jerjes a través de un embajador enviado por él. Recibido por Leónidas, el embajador les informará que Jerjes busca que se le otorgue tierra y agua como prueba de sumisión. Leónidas, junto al apoyo de su mujer, lanzará al enviado de Jerjes y sus acompañantes a un profundo pozo. Leónidas sabe que la guerra está cerca y con ella, toda Grecia y su ideal de libertad  democracia en peligro. El rey se someterá a los designios del oráculo que no le son favorecedores y le deniegan su marcha a la batalla: Desoyendo el consejo, Leónidas juntará a su guardia personal, formada por 300 hombres, y partirá hacia el estrecho paso de las Termópilas donde se enfrentará al más grande ejército jamás creado. 300 espartanos contra un ejército de 250.000 efectivos formados por soldados, monstruos, carruajes, elefantes, rinocerontes y los inmortales, la guardia personal del rey Jerjes, en una guerra que se convirtió en leyenda y que permitió el origen de la civilización occidental tal y como la conocemos hay en día.


“300” completa el círculo de la pasión de Frank Miller por esta historia. Escribió y dibujó “300”, sin olvidar a su colorista Lynn Varley, fascinado por una película que vio de pequeño y que llevaba por título “Los trescientos espartanos” y que aquí se conoce como “El león de Esparta”. Esta película también narra la batalla de las Termópilas pero desde un punto de vista más histórico y con todas las características del peplum o cine de romanos.


Esta nueva versión no bebe de fuentes históricas ni de “El león de Esparta”. Sólo del cómic de Miller. Su director es Zack Snyder, un forofo de la revista de cómic “Heavy Metal” y ha respetado al máximo la estética de la obra de Miller y Varley creando una película con un estilo parecido al realizado en “Sin City”. Destacar los nombres de Gerard Butler como Leónidas, Rodrigo Santoro como el rey Jerjes y Lena Headey en el papel de la  reina Gorgos. Como veis nombres poco conocidos y es que según el director, la única superestrella debía ser la misma película Para esta recreación los actores estuvieron seis meses actuando frente a las famosas pantallas verdes y azules sobre las que luego se digitalizaban los fondos. Pensar que de los 1.500 planos de la película, al menos 1.300 tienen un efecto visual incorporado y alguno muchos más. Snyder, que proviene del campo de la publicidad, comenzó filmando “El amanecer de los muertos”, tras rechazar una oferta por “Los hombres de Harrelson”. Para muchos “El amanecer de los muertos” es mucho mejor que “Zombie”, la película que copia Snyder.


“300”, al contrario que su antecesora, no es una película histórica aunque se base en un hecho real. Es pura ficción que respeta e incluso mejora el trabajo de Miller. “300” es una gozada llena de fuerza, heroísmo, tragedia, épica y honor. Y todo ello junto a la excelente factura técnica del equipo hacen de “300” cine total.

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martes, 22 de mayo de 2012

TEASER TRAILER DE BOND 23: SKYFALL

 No es que Pierce Brosnan lo hiciese mal en su papel de James Bond ya que la franquicia subió la cuenta corriente de sus productores como la espuma pero todos los fans de la serie más longeva de la historia del cine estaba entrando en un callejón sin salida. Y en estas llegó Jason Bourne y los "padres" del agente 007 descubrieron el nuevo camino a seguir. Había que refundar al mito, adecuarlo a los tiempos que corrían y Brosnan fue cambiado por Daniel Craig.


Pero no sólo eso cambió. El agente al servicio de su majestad se convertía en un tipo más duro sin un ápice de comicidad en sus misiones. Deslumbró la película "Casino Royale" un "reboot" en toda regla que plantaba (y de qué manera) las bases del nuevo James Bond. A esa espléndida película le siguió la debacle. Lo que debía ser una continuación a "Casino Royale" se convirtió en un espanto donde el guión era un pastiche de relleno alimenticio que no aportaba absolutamente nada al mito (y a su nuevo resurgir) y donde el director no supo emular el estilo Bourne conviertiendo la película en una sucesión de planos entrecortados, tantos, que en comparación nuestro "querido" Michael Bay parecía Kiarostami a su lado.


Y luego vino la hecatombe. La Metro parecía hundirse por la crisis. El nuevo proyecto Bond quedaba cancelado. Pero nada ni nadie puede con 007 y le han hecho volver ¿merecerá la pena esta tercera parte a la que han dado por titular Skyfall? Por ahora debemos conformarnos con el teaser-trailer. Muy pronto volveremos con Bond, James Bond.


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miércoles, 16 de mayo de 2012

PESADILLAS DE CINE. HANNIBAL LECTER



En el año 1991, una película como “El silencio de los corderos” conseguía el oscar. Era la primera vez en todos sus años de historia que la Academia de Hollywood otorgaba el premio a una película inscrita en el género del thriller. Pero no sólo ganó el oscar a la mejor película. También se llevó el de director, actor, actriz y guión adaptado. Era la culminación oficial al grandísimo éxito que la película había tenido tanto entre el público como entre la crítica (cosa que raras veces suele suceder). Este éxito fue conseguido gracias a la conjunción de una serie de elementos que encajaron a la perfección como la mezcla de thriller psicológico y película de terror, el ambiente asfixiante creado por el director o la grandísima interpretación de dos actores como Jodie Foster y Anthony Hopkins. Pero sobre todo esto estaba un personaje: Hannibal Lecter.


Sin embargo es un personaje del que el espectador sabe pocas cosas pero las suficientes para que nos encontremos irremediablemente fascinados de forma malsana por él. Es un doctor en psiquiatría, con formas de caballero y exquisita educación, poseedor de una mente privilegiada y gran conocedor de la mente humana que le permite jugar al gato y al ratón con sus adversarios. También es gran amante de las artes como la literatura, la pintura o la ópera y degustador de la buena cocina. Puede parecer increíble que detrás de todo esto se esconda un verdadero psicópata cuyo primer placer es el de cocinar partes de sus víctimas. 




Hasta ese momento las películas de terror siempre habían presentado el conflicto entre el bien y el mal de forma muy identificable. Había buenos que suelen ser gente honesta, inteligente, de buena presencia y luego malos que suelen ser personajes indeseables y desagradables llenos de taras físicas o psíquicas. Pero nunca se había creado un personaje que guardara las características propias de estos dos conceptos. Esta dualidad, ese encaje entre el bien y el mal dentro de una misma persona (junto a la perfecta interpretación de Anthony Hopkins) y el misterio que encierran su mente y  sus actos hacen a Hannibal, el caníbal, un personaje atractivo y sugerente, llevando la confusión a la mente de los espectadores. Nunca un psicópata había sido retratado de esta manera en  una película.


Aunque no fue su primera aparición en el cine, Hannibal Lecter se hizo famoso con “El silencio de los corderos”. Y tiene su gracia ya que el personaje que interpreta Hopkins es un personaje secundario en la trama (en un principio) porque posteriormente, en la segunda parte de la película cobra protagonismo. Todos recordamos la historia. Clarice, el personaje de Jodie Foster, visita varias veces al afamado psicópata para que les ayude a encontrar a otro de su especie, un tipo llamado Bufalo Bill que arranca la piel de sus víctimas, todas adolescentes. Hannibal Lecter se convertirá en el rey de la función, en una especie de Mefistófeles que marca los tiempos y las reglas y aunque dará la ayuda, a cambio Clarice deberá ir vendiendo trozos de su alma para sonsacarle la información y para disfrute de Hannibal.


Esa mezcla de fascinación y repulsión sería la base para su secuela, diez años después, y dirigida, en este caso, por Ridley Scott. A través de su cine estético, Scott nos presenta a un Hannibal inalcanzable para el ser humano, ya por encima del bien y del mal como demuestran sus dos perseguidores en la película. La parte del bien la representa el policía italiano que cegado por la ambición busca cobrar la recompensa y la parte del mal su antiguo paciente y víctima, Mason Verger que busca su venganza. Ambos fracasan y Hannibal queda convertido en una especie no ya de diablo pero sí de Anti-Dios. En su nueva posición ya no podrá dar marcha atrás a pesar de la relación tan especial con Clarice Sterling que en esta segunda parte se intensifica aunque siempre vista desde la imagen deformada por la psique enloquecida de Lecter. Dos ejemplos: La eliminación del personaje de Ray Liotta donde Lecter ofrece, como un animal, su caza a Clarice y la escena de la amputación de la mano.


Ya hemos comentado antes que la primera aparición de Hannibal Lecter no fue en “El silencio de los corderos”. Este personaje nació de la novela “El dragón rojo” que al igual que “El silencio de los corderos”  y la posterior “Hannibal” son obras del escritor Thomas Harris. Convertido en estrella y en una máquina de hacer dinero, el productor Dino de Laurentis, volvió a la primera obra de Harris para narrar unos sucesos que ocurrían tiempo antes que los sucesos relatados en “El silencio de los corderos”. Y hemos dicho volvió porque De Laurentiis ya había llevado a la pantalla “El dragón rojo” mucho antes de que Hannibal Lecter se convirtiera en el personaje que es. En el año 1986 produjo esta versión que llevaría por título “Hunter” y que se encargó de dirigir Michael Mann. En la película de Michael Mann, que a duras penas aguanta el paso del tiempo porque viene lastrada por la forma de hacer cine de los años ochenta, el personaje de Hanibal Lecter está interpretado por un correcto Brian Cox aunque también es verdad que en este caso su papel es casi, casi, anecdótico. (Apenas sale cinco minutos en la película). 


Claro está que entonces nadie tenía interés en el señor Lecter y después de la película nadie lo tuvo, lo que le da más importancia a la interpretación que sobre Lecter realizaría años después y de forma magistral Anthony Hopkins, haciendo suyo el personaje y dándole un rostro para la eternidad. En la nueva versión, titulada ya “El dragón rojo”, Hannibal Lecter tiene un mayor protagonismo que en “Hunter”. En este caso el policía que consiguió descubrir a Hannibal, el caníbal, y meterlo en la jaula de cristal que todos conocemos, debe volver a él para sonsacarle información sobre un psicópata que mata en las noches de luna llena y que ha acabado con la vida de dos familias en un extraño asesinato ritual.


El problema que tiene Brett Ratner, el director de “El dragón rojo”, es que busca repetir los esquemas de “El silencio de los corderos” (al fin y al cabo la historia de ambas es bastante parecida) en vez de buscar nuevos caminos, cosa que sí hizo, y de forma muy sabia, Ridley Scott, en Hannibal.  Y es lo que perjudica la película, ya que es imposible no compararla con la película de Jonathan Demme que resulta ser infinitamente superior a “El dragón rojo”. De todas maneras la película se deja ver y cuenta con un plantel de actores impresionante, empezando por Edward Norton, verdadero protagonista de la función en el papel de policía y  continuando por Ralph Fiennes, Emily Watson y Harvey Keitel, aunque le sobra el final efectista, un giro de guión innecesario que, por cierto, la película de Michael Mann no contempla. Y la escena final es un guiño para todos los fans de esta franquicia. Porque, ¿alguien dijo que el personaje de Clarice no sale en “El dragón rojo”?


A pesar de todos los años de historia de Hannibal Lecter, conocemos más bien poco de su pasado. Son muchos los que buscaban saber más sobre este querido personaje. He de decir, a título personal, que yo prefiero dejar a Hannibal tal y como está, con ese manto de misterio sobre su pasado que lo hace tan atrayente. Pero parece ser que a Dino de Laurentiis cada vez le atosigaban más con la misma pregunta: “¿Por qué Hannibal Lecter es como es?” Y ante tanta insistencia se puso en contacto con Thomas Harris de nuevo y le lanzó esta idea: contar el origen de Hannibal. Y se pusieron a trabajar en la idea. Y el resultado de este trabajo fue “Hannibal, el origen del mal”.


Por primera vez en la vida de Hannibal Lecter, la historia no parte de una novela de Thomas Harris aunque sí es cierto que el guión de la película está escrito por el mismo autor. El director, en este caso, en Peter Webber, reconocido director por “La joven de la perla”. Parece extraño que el director de esta película intimista se encuentre metido en semejante proyecto pero como él mismo ha dicho, estaba harto de que sólo le propusieran guiones sobre pintores y sobre personas encerradas en una habitación que no se decían nada. Quería hacer algo diferente y lo encontró con la llamada de los De Laurentiis. ¿Y el personaje de Hannibal Lecter?. Estaba muy claro que Anthony Hopkins no podía interpretar al Hannibal adolescente. Entonces, ¿quién sería el elegido para el famoso personaje? ¿Qué actor puede estar tan loco como para ponerse en la piel de un joven Hannibal Lecter sabiendo que puede ser crucificado por las legiones de fans y por la crítica especializada? Pues bien, su nombre es Gaspard Ulliel, un actor francés poco conocido que ha participado en “Largo domingo de noviazgo” (es el novio perdido que busca el personaje de Audrey Tattou) y también protagonizó “Fugitivos” junto a Emmanuelle Beart, película de André Techiné, donde crea un personaje que, vista “Hannibal, el origen del mal” está claro que se sirvió del él para su interpretación de Hannibal Lecter.  Y sale airoso de un papel tan difícil al que lleva a su terreno. Y aunque sea un nuevo éxito de taquilla,  “Hannibal, el origen del mal” es una película desaprovechada que no aporta nada nuevo a tan interesante personaje, más bien al contrario. La película acaba con ese halo de misterio que le rodeaba y le da una justificación para hacer lo que hace. Cosa que lo devuelva al cajón de tantos y tantos otros psicópatas de turno. Y eso, un tipo tan desagradablemente fascinante como Hannibal Lecter, no se lo merece.




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